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Lo que debes saber antes del 2 de agosto

La Unión Europea y sus países miembros han tomado una decisión firme. Con la entrada en vigor de la nueva Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea y las recientes normativas en España, identificar el contenido creado por computadoras (imágenes, textos o videos) ya no es solo una recomendación de buena conducta: es una obligación legal. Las empresas que no etiqueten claramente sus creaciones de IA se enfrentan a multas millonarias de hasta 35 millones de euros.

Sin embargo, en el mundo de la tecnología, hecha la ley, hecha la trampa. La obligación de colocar «marcas de agua» y etiquetas ocultas en los archivos de IA ha desatado una silenciosa «guerra de programas informáticos». En internet y en laboratorios de seguridad, los expertos (y también los ciberdelincuentes) ya están encontrando formas muy sencillas de «limpiar» estas marcas. Al hacerlo, logran que el contenido generado por IA pase por humano, burlando las leyes recién estrenadas.

Las nuevas leyes tienen un objetivo muy claro: devolver la confianza a lo que vemos en internet. El marco europeo obliga a las empresas creadoras de IA a garantizar que sus imágenes, audios o videos lleven una «etiqueta digital» que permita saber que no son reales.

En España, las leyes persiguen con especial dureza los usos más peligrosos, como los videos falsos que imitan el rostro de una persona (conocidos como deepfakes) para acosar o engañar a los ciudadanos.

El gran problema es que las leyes se han escrito asumiendo que estas marcas de agua digitales son perfectas e imposibles de borrar. Pero la realidad tecnológica demuestra todo lo contrario.

Para entender cómo se burlan estas etiquetas, primero debemos entender los tres métodos principales que se usan para marcar el contenido de IA:

  1. El «Pasaporte Digital» (Metadatos Criptográficos): Es como un sello invisible de aduana que grandes empresas como Google o Microsoft ponen dentro del archivo. Este sello registra la fecha, la cámara (o el programa de IA) que lo creó y los cambios que ha sufrido.
  2. Marcas de agua invisibles (A nivel de píxel): Son alteraciones tan diminutas en los colores de una imagen o en las ondas de un audio que el ojo y el oído humanos no las notan. Sin embargo, un programa de computadora puede leerlas al instante para saber que es una creación artificial.
  3. Marcas de agua en textos: Cuando un chat de IA (como ChatGPT) escribe un texto, lo hace siguiendo un patrón matemático oculto (usando ciertas palabras más que otras en un orden específico). Para un detector de texto de IA, este patrón es como una firma que delata a la máquina.

Borrar estas marcas de seguridad se ha vuelto una tarea sorprendentemente fácil. Estos son los métodos más comunes:

Es el truco más simple y efectivo. Como el «pasaporte digital» de una imagen se guarda dentro del archivo, basta con hacer algo tan cotidiano como tomar una captura de pantalla a la imagen o convertirla de un formato a otro (por ejemplo, pasarla de WebP a PNG). Además, la mayoría de las redes sociales (como WhatsApp, Instagram o X) borran de forma automática estos datos para que las fotos pesen menos y se suban más rápido. Al hacerlo, destruyen por completo la etiqueta de seguridad sin querer.

Las marcas de agua ocultas en los colores de las imágenes parecían la solución definitiva, pero ya no lo son. Hoy existen programas gratuitos en internet que pueden «limpiar» estas marcas. Al añadir un ruido visual casi imperceptible a la imagen, recortar un poco los bordes o rotarla apenas unos milímetros, los escáneres automáticos se «ciegan» y ya no pueden detectar la marca, aunque la imagen siga viéndose idéntica para una persona.

Para que los profesores o los filtros de internet no detecten que un texto fue escrito por una inteligencia artificial, han nacido programas llamados «humanizadores» de texto. Estas herramientas cambian palabras por sinónimos y alteran el orden de las oraciones para romper el patrón matemático de la IA, haciendo que parezca redactado por un estudiante de carne y hueso.

Este juego del gato y el ratón crea un problema aún más grave: los falsos positivos y falsos negativos.

Un atacante con malas intenciones puede tomar una fotografía real (hecha por un fotógrafo humano) y meterle a la fuerza un sello falso de IA para decir que es mentira y desprestigiar la noticia. O al revés: puede tomar una foto falsa creada por IA, borrarle el rastro y ponerle un sello de «foto real y verificada». Esto confunde por completo a las plataformas que intentan controlar la verdad en internet.

El intento de los gobiernos de controlar la desinformación usando marcas de agua digitales se está topando con una pared técnica. La realidad es que estas marcas son frágiles.

Rhick

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